que le den a la humanidad

Escrito el 20 mayo, 2017, a las 07:06, en calzoncillos.

Cuando era pequeño, por que yo una vez fui pequeño, tenía la mala costumbre de andar siempre a contra corriente, todo empezó en parbulitos, ahora no se como le llaman a eso, yo veía como el resto de críos estaban emocionados con los juegos que don Ricardo, nuestro profesor, sacaba cada día para tenernos distraídos, y hablando de distracciones, en el momento que don Ricardo se distraía un momento, yo me escapaba corriendo del parvulario y me iba a casa de mi abuela, en caso de que mi madre estuviera allí, me iba a casa de algún gitanico, que ellos eso de ir a parbulitos no lo tenían muy asumido.

Luego, a medida que me fui haciendo algo mas grande, por que yo empece a crecer poco a poco, tampoco es que tuviera prisa en hacerlo, me tocó ir a la escuela en el centro Alfonso Décimo El Sabio, que por cierto, sigue en pie y funcionado.

Allí me toco como profesora doña Carmen, una señora que ya por entonces tenía una edad avanzada que no la hacía muy apetecible a mis prematuros deseos carnales.

No lo recuerdo muy bien, por que a pesar de conservar un cuerpo y una cara de quinceañero ya tengo una edad considerable, pero creo que fueron unos tres años los que estuve allí, doña Carmen me enseño lo bonito que era aprender, y las cosas tan interesantes que había en aquellos libros llenos de dibujos.

Aquel interés por aprender consiguió que el resto de animales de la clase no me tuvieran en gran aprecio, demasiadas buenas notas y elogios por parte de doña Carmen hacía mi creo que fueron el detonante para ello.

Por cosas del azar, el destino, o quizá el trabajo de mi padre, nos tuviéramos que ir a vivir a la otra punta del pueblo, por lo que evidentemente me tuvieron que cambiar de colegio, doña Carmen rogó e imploro a mi madre que no me cambiara, pero mi madre va a piñón fijo, es como un burro con orejeras.

De manera que empece mi nueva aventura con la educación en el colegio Serrano Clavero, este centro ya era algo así como una cárcel para pequeños delincuentes, o futuros camellos, los profesores eran todos una panda de gilipollas, excepto el de religión, recuerdo que era un cura jovencito que decía tacos y hacia muchas bromas.

Allí empece a tener mis primeras relaciones con otros animales, lo mas parecido a una amistad, que por cierto todavía conservo, fue con Oscar, que además creo que lo tengo como agregado por el Facebook y todo, el resto de animales eran poco interesantes, las chicas solo estaban interesadas en que el guapo de la clase se fijase en ellas, luego había otras que solo se interesaban por el repetidor, claro, era el malote de la clase.

Gracias al método de enseñanza de los docentes de el Serrano Clavero empece a perder mi interés en los estudios y a empezar a fijarme más en la vida y en la gente que me rodeaba, como actuaban, para que lo hacían, por que y como lo hacían, creo que fue en esos años en los que empezó a crecer en mi interior el sentimiento anarquista.

A duras penas pude sacar la EGB, ahora no tengo ni puta idea de como le llaman a ESO, el caso es que al salir del colegio mis santos padres me metieron a FP, un centro donde se supone que te preparaban para la vida laboral, un año y medio aguante las clases como pude, en los últimos seis meses del segundo año no aparecí por ninguna clase, de echo había encontrado trabajo en una ferretería y me escondía allí mientras trabajaba, claro está, después de esos seis meses les llego una carta a mis padres para saber donde estaba y que me pasaba, la verdad que es que no hubo bronca alguna, en aquella época mi vertiente nihilista ya se había echo notar en mi interior.
Como resultado de aquel disgusto para mis señores padres, decidieron que siguiera trabajando, muchos han sido los trabajos que he tenido, y de ninguno de ellos me han despedido nunca, los he dejado yo por aburrimiento, al igual que los estudios, ninguno que llenaba.

Yo llegue a pensar que tenía un problema personal, que lo que me pasaba es que no caía bien a nadie, por que siempre solía hacerlo todo mejor y más rápido que mis compañeros, tanto en clases como en los trabajos.

Pero ahora creo firmemente que no es así, con mis cuarenta años, y nihilista, o ácrata, os doy a elegir, convencido, se perfectamente que el problema no soy yo, el problema es el resto de la gente, los que andan siempre a favor de la corriente, los que piensan que hacer 60 kilómetros es un viaje al extranjero, los que opinan que deben encontrar pareja en el mismo pueblo donde nacieron y crear allí su familia, los que no hacen nuevos amigos por que los amigos de toda la vida son lo único que tienen.

Ahora, con mis cuarenta años, y en la situación mental en la que me encuentro, puedo afirmar, sin cordura alguna, que odio a la humanidad, creo que el peor mal que tiene este planeta es la humanidad, sin ella, la tierra sería un planeta mucho mas agradable.

Puedes insultarme, criticarme, lo que te de la gana, pero todo comentario anónimo, o con un email falso será borrado.

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