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sonríe conmigo, o de mi, da igual

Publicado por: Ricardo

Escrito el 23 julio, 2017

A las: 15:17

  Estado: sin calcetines

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Llega un momento en la vida, o lo que mierda sea esto, en que cada persona elige un motivo para seguir, en mi caso he decidido elegir dos, mis hijas en primer lugar y por supuesto su madre y gran amiga mía, y en segundo lugar la sonrisa.

La sonrisa ajena, ver a la gente sonreír, no ser el centro de atención, no lo necesito, pero cada vez que alguien se ríe conmigo, o de mí, es como si un pequeño placer nuevo naciera en mi interior, me gusta vez a la sonreír, me gusta hacer que la gente sonría, a pesar de todo lo que llevo dentro, una sonrisa ajena vale mucho ahora mismo para mi, y no me importa si lo sonríen conmigo o de mi, lo que importa es que sonrían, y que lo hagan por placer, no por que quedar bien.

La sonrisa inevitable de la que se tapa con el abanico cuando ya no puede más, y por no soltar carcajadas, normalmente por mi mente calenturienta y las barbaridades que suelo dejar salir por la boca, pero le robo una sonrisa, y eso me hace feliz.



Entrar a la cocina y guitar su nombre cientos de veces mientras a ella le salen los coloretes e intenta seguir mi ritmo de saludo sin conseguirlo, aunque está a punto de hacerlo.

La sonrisa del niño rato, también conocido en pequeños grupos como el hombre polla, cuando suelto alguna barbaridad, sobre todo si su futura novia esta presente, y como no, la sonrisa de su futura novia y los colores sonrojados de su cara al verse en una situación algo surrealista.



La picara sonrisa de las dos satánicas cuando parece que no escuchan la conversación, aunque en realidad no pierden detalle alguno de lo que se cuece en la mesa.

La sonrisa cómplice de mi negro cuando intento dejarlo en “evidencia” delante de todo el mundo, siempre con el mejor de los propósitos, por supuesto.

La sonrisa de mi sobrino cuando le traigo por sorpresa una mierda de esas que está de moda y que al dar vueltas hace luz.

La sonrisa de mis hijas cuando haciendo una vídeo conferencia por Skype, de repente, aparece mi padre por detrás de mí sin camisa y no pueden evitar reír, incluso salirse de cámara por las carcajadas que sueltan.

La sonrisa de la princesa cuqui cuando en el psiquiátrico la adulaba para que pudiera seguir en su extraño trono de princesa.

La sonrisa de los enfermeros cuando me metía delicadamente con ellos para que nos dejaran fumar un cigarro extra.

La sonrisa de mi embarazada favorita cuando me ve jugar con su hijo como si nos conociéramos de toda la vida, y por supuesto la sonrisa de su hijo cada vez que me gana en nuestra peculiar batalla de dedos en la barriga.

La sonrisa que se le escapa a mi Cham, aunque intenta siempre poner cara de enfado por que me estoy pasando de vueltas y quiere que la vea muy enfadada, pero no puede evitarlo, cada vez que me ve bien se le escapa, y es de las que me gustan.

Todo lo que tengo ahora es la sonrisa de la gente a la que aprecio y tengo cerca, que a pesar de hacerles, conscientemente daño, siguen estando ahí, y se que seguirán, por que me quieren, por que los quiero.

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